Columna de tinta
23 febrero, 2017
Horizon, heroínas y empatía

Horizon, heroínas y empatía

por Pablo Saiz de Quevedo

Hace ya años, cuando se anunció ‘Remember Me’, supimos por boca de sus desarrolladores, Dontnod Entertainment, de cómo varios distribuidores a los que ofrecieron el juego quisieron que cambiaran a su protagonista femenina por un hombre; todo porque no la consideraban lo bastante comercial. La anécdota, además de recordar lo mucho que se echa en falta a heroínas como la superagente secreta Cate Archer de ‘No One Lives Forever’, planteaba un panorama preocupante para el futuro de los videojuegos: un erial desprovisto de mujeres en papeles principales

Desde entonces ha llovido, escampado, granizado, y hasta hemos sufrido un destructivo huracán de aguas fecales llamado Gamergate. En ese período, Dontnod han tenido tiempo de revalidar su apuesta por el protagonismo femenino con ‘Life Is Strange’, Lara Croft se ha afianzado en el Olimpo jugable al que le devolvió su reboot con ‘Rise of the Tomb Raider’, y otros juegos triple A se han atrevido a plantearnos más mujeres como heroínas.

Y es deprimente ver que, pese a los años que han pasado, pervive un núcleo de cerrilidad en la masa jugona que no es que prefiera a los protagonistas (hiper)masculinos y blancos, sino que se niega a admitir alternativas a los mismos y las trata como amenazas a la existencia de sus machomen.

Remember me

Hace cosa de días, ha corrido por Twitter la captura de un comentario en el foro de MeriStation sobre ‘Horizon: Zero Dawn’. El usuario tildaba de «error comercial» el diseño «nada erótico» de la protagonista, Aloy, porque «es un hecho, la chicha vende», y se preguntaba por el motivo de diseñar a Aloy como una chica «normalita». «¿Estamos viviendo el ocaso de las tías buenorras como protas de videojuegos, se acerca la era de las gordas con bigote (sic)?», concluía, sugiriendo que el aspecto de Aloy respondía al deseo de no provocar «berrinches» entre el colectivo feminista.

Tal comentario no fue el único que corrió de boca en boca por la red social del pájaro azul; ni siquiera el más ofensivo, puesto que al menos no incurría en la transfobia, como otros participantes en el mismo hilo. Lo que lo hace terrible es cómo su autor expresa, sin ser casi consciente, su desprecio a las mujeres en el entorno de los videojuegos: o son «tías buenorras» ligeras de ropa y voluptuosas, o son poco más que la avanzadilla de una epidemia de monstruas mostachudas hechas para contentar a «las feministas» y destinada al fracaso comercial.

«Las mujeres están para dar gusto al jugón masculino», piensan los dos en el fondo, aun sin consciencia de ello

Y yo pienso en uno de aquellos ejecutivos con los que trató Dontnod cuando llamaron a su puerta. Casi, casi me puedo imaginar la conversación: Oye, sí, muy bien lo vuestro, pinta el juego de puta madre, pero ¿tiene que protagonizarlo una tía? ¿Y la trama trata su relación sentimental con un jambo? Mirad, no digo que sea mala idea, es que… digamos… ¿no vendería mejor siendo un tío? Los juegos los compran los chavales, y los chavales van a sentirse incómodos controlando a una mujer, y más todavía viéndola enrollarse con su novio. Cambiáis esa cosita de nada y os damos la pasta, ¿hace?

Entre ese imaginario ejecutivo y el cretino que desprecia el diseño de Aloy median varios años de distancia, y una evolución de actitudes en la sociedad que les rodea, pero subyace el mismo razonamiento. “Mujeres sí, pero no protagonistas”, dice el trajeado con su sonrisa de comer mierda para el desayuno; “mujeres sí, pero buenorras y ligeras de ropa”, dice el niño-rata adolescente, veinteañero o treintañero (¡tanto da!), mientras consulta su carpeta de imágenes rebosante de waifus. “Las mujeres en los videojuegos están para dar gusto al jugón masculino”, piensan los dos en el fondo, aun sin consciencia de ello; muchos más les acompañan en esta idea, y no pocos lo hacen de manera consciente.

Aloy en primer plano - Horizon

¿Y qué pasa con las mujeres que juegan, y que quieren algo más que a la típica jamona fanservicesca como personaje para identificarse con ella? ¿Y a los jugones masculinos que no somos tan inseguros como para rechazar un juego con protagonista femenina? ¿Ahí nos pudramos? De hecho, ¿qué pasa si queremos héroes (o antihéroes) que no sean atractivos a la manera convencional? A lo mejor estaría bien llevar en un juego a una heroína entradita en carnes y con el vello de encima del labio ligeramente oscuro, fíjate qué locura. O a un personaje transexual, puestos a imaginar. ¿Y sabéis por qué?

Porque, como dice el trillado eslógan, somos gamers para vivir no una vida, sino muchas. ¿Qué sentido tiene vivir siempre las mismas? Ser un duro machote que puede con ejércitos enteros, por mucho que mole, acaba cansando cuando no hay otras opciones. ¿Qué hay de malo en encarnar a una aguerrida cazadora de monstruos mecánicos en un futuro neoprimitivo que vista de manera razonable y tenga el físico curtido por la lucha diaria por sobrevivir? ¿O una gorda bigotuda? ¿O un señor homosexual, con pluma o sin ella? ¿O una señora lesbiana? ¿O un, o una, transexual? ¿De qué tenemos miedo? ¿De que se nos caigan los cojones? ¿De que nuestra orientación sexual mute, como si la homosexualidad funcionase como la habilidad de conversión del ‘Age of Empires’?

¿De empatizar con personas distintas a nosotros?

Ser un duro machote que puede con ejércitos enteros, por mucho que mole, acaba cansando cuando no hay otras opciones

A lo mejor ahí está la clave. A lo mejor. No dejo de pensar en otra captura que he visto correr por los Tuiters en estos días, en la que un anónimo jugador confesaba su preferencia por protagonistas masculinos y heterosexuales porque le costaba empatizar con los personajes homosexuales o femeninos: «en las escenas de sexo», explicaba, «es como que desconecto mucho con el personaje». Mi primer impulso fue descartarle como un memo más; ahora… sigo viéndolo como un ceporro, pero tal vez uno que ofrece las claves del problema. Él no es capaz de empatizar porque tiene miedo a intentar comprender una sexualidad distinta a la suya: ¿a cuántos más les pasará lo mismo? ¿Cuántos tendrán miedo a empatizar con mujeres o gente de otra tendencia sexual porque les han enseñado que son malas personas, y temen dejar atrás la protectora manta que les ofrecen sus prejuicios?

Ya somos un poco mayorcitos para tener miedo a comprender al otro, ¿no?

Gamereport Papel

  • Prosa(k)

    Te aplaudo hasta con las orejas y los pies.

    • http://la-pagina-negra.blogspot.com/ Pablo Saiz de Quevedo

      Gracias :) La verdad es que el tema da para mucho más, y escrito por gente más instruida… pero, qué se yo, me ha salido del alma hablar de este tema.